martes, 14 de junio de 2016

El Ateísmo, la plaga del Siglo XXI.


El Ateísmo, la plaga del Siglo XXI.




                           


                                                No vayas a la deriva, busca al Padre

Cada vez más gente se vuelve Atea, no dando cabida en sus corazones a Dios, la gente esta descontenta con el mundo, no entiende nada de lo que le rodea culpabilizando de todos sus males a los demás, sin darse cuenta de que todas las respuestas, las alegrías y soluciones las tienen dentro, en su interior, pero para encontrarlas tienen primero que abrir las puertas al Padre y solo hay un camino para llegar al Padre, que es a través de Cristo.


  La verdadera plaga del siglo XXI no son las guerras y las enfermedades, la verdadera plaga de toda la humanidad es la ausencia de Dios en sus vidas, una vida sin Dios no tiene sentido, estas gentes tan pobres de espíritu son como almas en pena que van deambulando por la vida a la deriva, sin rumbo, y por lo tanto sin destino, estas personas cuyo cuerpo es un templo de Dios  son  presa fácil del Mal.




Recordar que no venimos de las Estrellas, sino que venimos de Dios, recordar que no somos fruto de la evolución como decía Darwin, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto somos nosotros los humanos los que nos hemos alejado de la fuente de la vida y del amor con el que fuimos creados por Dios,  recordar que una vez estuvimos en el Paraíso y Dios nos echo del mismo con todo el dolor de su Ser cuando vio el comportamiento y el alejamiento espiritual para con Dios por parte de  Adán y Eva, la humanidad no empezó bien en sus inicios, esto es indudable, pero algo bueno queda todavía, aún hay esperanzas de llegar al Paraíso perdido, pero para ello hay que abrir las puertas al Padre y el único camino de llegar a él es seguir a Cristo que para eso vino aquí y se sacrifico por nosotros, para salvarnos, démosle una oportunidad al Padre, el nos lo perdonará todo si lo tenemos en nuestro  corazón, abramos por tanto nuestros corazones al Señor, es el primer paso.  

                                     

                                                   ¡ Déjate rescatar por el Padre!









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